22 de enero de 2008

Un devoto de Alsogaray, al Banco Ciudad

Militó en la UCeDé, fue funcionario menemista y, desde la malograda

Fundación Bicentenario, promovió una campaña mediática contra las

designaciones de Zaffaroni y Argibay en la Corte Suprema

El "Colorado" Curutchet, joven brillante de Adelina, siempre un poco más a la derecha que la derecha.

Juan Curutchet es casi un homónimo del máximo ganador del ciclismo argentino. Le sobra una "t" y el giro a la izquierda. Por lo demás, podría decirse que este ferviente admirador del extinto Alvaro Alsogaray sabe pedalear, aprovechar el viento a favor y apoderarse de algún que otro título. Ahora va en camino de la vicepresidencia del Banco Ciudad, con el decidido respaldo del jefe de gobierno porteño Mauricio Macri.

De lograr su objetivo, Curutchet tendrá bajo su poder un codiciado instrumento de política crediticia, al que el macrismo podría echar mano para cubrir el déficit del distrito.

El joven candidato trabajará en equipo con su amigo Federico Adolfo Sturzenegger, promovido para presidir la entidad bancaria. El staff se completará con los vocales Sergio Fabián Beros, Alicia Alcira Caballero, Mario José Morando, Marta Elena Talotti, y la síndica Alicia Graciela De Antonis.

El artículo 55 de la Constitución porteña establece que "la conducción de los organismos que conformen el sistema financiero se integra a propuesta del Poder Ejecutivo con acuerdo de la Legislatura, que debe prestarse por mayoría absoluta".

El nombre de Curutchet ya pasó sin sobresaltos por la Junta de Ética, Acuerdos y Organismos de Control. Ahora debe seguir su recorrido natural, que incluye una escala en la Comisión de Presupuesto y posteriormente una Audiencia Pública. Si no recibe impugnaciones, el pliego con su nombre recalará en el recinto para su aprobación.

El elegido de Macri tiene 42 años y se recibió de abogado en 1989, en el amanecer de la presidencia de Carlos Menem. Nunca imaginó que casi una década después pasaría a integrar el elenco de aquel gobierno. Lo nombraron director de un programa de fortalecimiento juvenil que implementaba la secretaría de Desarrollo Social.

El "Colorado", como lo llaman en su entorno, había adquirido gimnasia política en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Su militancia activa en UPAU, la desaparecida agrupación estudiantil de la UCeDé, se remite a fines de los ´80. Cuando la criatura de Alsogaray estuvo en su apogeo, se identificó sin dobleces con Adelina de Viola, ícono del liberalismo vernáculo.

En su currículum no escatima oropeles de aquella década. Presidente del centro de Estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales; secretario General de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA); y delegado de la Federación Universitaria Argentina (FUA), son sólo alguno de ellos.

Claro que ahora, teniendo un banco al alcance de las manos, prefiere resaltar sus antecedentes como asesor legal del Bank of America Internacional Investment Corporation, como apoderado del The First Nacional Bank of Boston, o como encargado, a través del estudio "Curutchet-Odriozola", de las cobranzas del Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Lo suyo también parece ser la pluma, la palabra y... la vanidad. Así como esgrime los contados artículos publicados en el diario La Nación, se regodea con una distinción de la revista Gente, que lo consagró como uno de los personajes del año en 1997. Sus más recientes incursiones mediáticas las hizo bajo el paraguas de la Fundación Bicentenario, desde donde desplegó una costosa campaña contra la designación de Eugenio Zaffaroni en la Corte Suprema Justicia.

La embestida se extendió hacia Carmen Argibay, también por entonces candidata al Máximo Tribunal. La jueza se había definido políticamente "más cerca de la izquierda que de la derecha" y en el plano de las creencia como una "atea militante". Un combo difícil de digerir para un ultraliberal como Curutchet.

Para comprender cuánto le subyuga el perfil ideológico de los magistrados, alcanza un botón de muestra. En el seminario "Interpretando el país K", que organizó tiempo atrás la Fundación Atlas con el auspicio de la Bicentenario, el pollo de Macri se preocupó en desarrollar un ítem que denominó "la izquierda y el copamiento de la justicia". Toda una confesión de los pensamientos que lo atormentan.

Su aversión al kirchnerismo quedó plasmada en la mismísima contienda electoral del 2003, cuando le ofreció asesoramiento a Menem con vistas al ballottage. La propuesta nunca pudo materializarse debido a la negativa del ex presidente a afrontar en las urnas una derrota segura ante Néstor Kirchner.

Curutchet asimiló como propio aquel golpe, que por cierto no fue el último ni el peor. Tiempo después, la Inspección General de Justicia (IGJ) le negó la personería jurídica a su fundación por "presunción de comercialidad".

Para el organismo, detrás de la prédica altruista de aquella organización de la sociedad civil asomaba una incontrolable pasión por el dinero. "De los enunciados estatutarios se desprenden propósitos de lucro en pugna con el tenor de bien público que caracteriza la constitución y existencia de toda fundación", señaló la resolución de la IGJ.

El artículo 4º del estatuto es revelador ya que la asociación admite allí su intención de "dar y recibir préstamos en bienes, efectivo y dinero en curso legal o en moneda extranjera". Por si no hubiese quedado claro, en otro tramo manifiesta su objetivo de "lograr servicios y celebrar contratos de asistencia, pudiendo además gestionar ante los gobiernos nacional, provincial o municipales, beneficios para los aportantes de la fundación y de naturaleza impositiva o de cualquier otra índole".

La pretensión resulta sugestiva, sobre todo para una organización que, mediante onerosas solicitadas, puso en tela de juicio las declaraciones patrimoniales de Zaffaroni, pero nunca explicó su propio financiamiento, más allá de aquel vago argumento de que subsiste gracias al aporte de sus miembros.

Paradójicamente, Curutchet pretendió registrar la cuestionada entidad con el nombre completo de Fundación Bicentenario por la Transparencia y el Control de las Políticas Públicas.

Por estas horas, el apadrinado de Macri pedalea para que semejante traspié no sea un obstáculo en su carrera hacia un nuevo título. Ya se dijo: el de vicepresidente del Banco Ciudad. [Diario Crítica]